sábado, enero 14

La mano dura de Tom Wolfe

PERFILES. La novela "La hoguera de las vanidades" lo convirtió en un ícono de la literatura estadounidense. Cada obra suya es presentada como un acontecimiento, más allá de sus méritos. El Comercio lo ubicó hace unas semanas en un encuentro para periodistas en Boston.

POR DAVID HIDALGO VEGA

Tom Wolfe es un dandy con yeso. Tiene el estilo de vestir de un gángster de la era de Al Capone: el costoso traje de color crema contrasta con la camisa azul, los zapatos claros y cómodos le dan un aire de desenfado que acentúa su elegancia. Es la tenida clásica de Wolfe, la que luce en todas las fotografías de entrevistas en diarios o revistas, la que aparece en la solapa de sus libros. Debe tener decenas de trajes como ese en su ropero. No es un tipo sobrio. Al contrario, parece disfrutar el destello que emana de su tenida, como una estrella de rock pesado luciría el último tatuaje sangriento sobre la piel. Usualmente completa el efecto con un bastón a la antigua o un sombrero de Panamá, de los que adornan su estudio en Manhattan, pero esta vez lleva un vistoso guante medicinal que cuelga de su cuello con una banda de tela. Incluso con ese artefacto nada elegante, el escritor sabe manejarse con estilo, hasta hace bromas, aunque sea evidente que le fastidia presentarse así.

¿Qué le pasó realmente en la mano?- le pregunto. Minutos antes, ante un auditorio de periodistas, ha ensayado una broma acerca de un percance que casi lo libra de enfrentarse a un interrogatorio. Ahora la matiza.
-Según las técnicas del nuevo periodismo, te contaría que fui atacado con un martillo y me defendí con el brazo -bromea simulando una pelea-. Pero en realidad tuve un problema en los tendones de la mano. El médico ordenó que me pusiera esto. Ya estoy mejor, pero es muy doloroso.
No es la primera vez que sufre un problema parecido. Cuando estaba escribiendo su última novela, "Yo soy Charlotte Simmons"--publicada a fines del 2004--, un dedo magullado truncó su primera experiencia de escribir un libro en computadora. Tuvo que terminarlo a mano. "Podría ser la última novela escrita de ese modo", le dijo a un reportero británico que llegó a visitarlo a lo que describiría como un departamento "extravagantemente hermoso".
Wolfe es extravagante en varios sentidos. El Sherman McCoy de "La hoguera de las vanidades" --está dicho-- usa trajes claros y es un escritor. El observador que recorrió el mundo beatnik para su novela "Ponche de ácido lisérgico", el que reveló el mundo de los astronautas en "The Righ Stuff", o el de los magnates corporativos en "Todo un hombre", parece sentirse por encima del bien y del mal. Una vez le preguntaron qué lo empujaba a escribir y dijo que solo pudo encontrar una respuesta en la Biblia presbiteriana: "La primera pregunta es: ¿Quién creó el cielo y la tierra? La respuesta es Dios. La segunda pregunta es ¿Por qué? La respuesta es interesante: "Para su propia gloria". Así que usé esa respuesta. Probablemente fue una respuesta más honesta que la mayoría". Ahora, ante el ambiente liberal de Harvard, Wolfe exhibe esa vanidad de autor consagrado que a unos seduce y a otros irrita.

PALABRAS CONSAGRADAS
El presentador fracasa en disimular sus nervios para presentar al escritor, pero el auditorio de mil reporteros y escritores estadounidenses se muestra complaciente. No es fácil dar pie a un hombre con esa fama. De hecho, el ingreso de Wolfe se parece al de un artista, más que al de un escritor. El hombre está parado detrás de todas las sillas, donde nadie puede verlo. Cuando mencionan su nombre, inicia el camino hacia el estrado en medio de aplausos. Es una entrada histriónica y calculadamente triunfal. Solo falta la música. El hombre sabe qué terreno pisa. No hace mucho, en otra de sus polémicas mediáticas, Wolfe acusó a la inteligencia liberal de Nueva York --de EE.UU. en general-- de estar despistada respecto a lo que pasa en su país. Y ahora debe dar una charla magistral en un ambiente marcadamente liberal. Se me ocurre la imagen del lobo en la boca de otro lobo.
'Me alegra que haya mucha gente interesada en el periodismo narrativo, pero me gustaría que hubiera más lectores", ironiza de entrada. El hombre sabe ganarse a su auditorio. Sabe ponerse en el lugar de un colega que habla para otros colegas. Uno de sus recursos es el tópico de que "la imaginación de un novelista es inútil frente a lo que va a leer en el periódico al día siguiente". Hay argumentos de la realidad, dice el escritor, que ya hubieran querido varios de los más audaces contadores de historias. "(El caso de) Paris Hilton es un ejemplo. No creo que ningún novelista hubiera escrito sobre la heredera de un imperio económico que cobra miles de dólares (por su presencia) gracias a haber aparecido en un video pornográfico. Eso desafía la imaginación de cualquier novelista', señala. El auditorio se carcajea.
Wolfe intenta entonces una exhibición de su célebre capacidad para leer las actitudes de su sociedad. 'Su éxito -dice sobre la dislocada heredera Hilton-- representa una de las mayores historias en América: la antimoralización de la actividad sexual. Ahora, hay una sola actividad sexual considerada inmoral: la pedofilia. Todo lo demás vale'. Que toque el tema con ese aire de autoridad parece una jugada de viejo zorro. Se supone que él conoce de lo que habla porque, hasta donde indica la propaganda, ha pasado los cuatro últimos años investigando las veleidades de los universitarios ricos para construir los personajes de 'Yo soy Charlotte Simmons'.
En la novela, la protagonista es una joven pueblerina que llega a una universidad de élite, Dupon University. Allí ve confrontada su educación tradicional con personajes envueltos en un carnaval de sexo, drogas y otros relajos. Al final es seducida por ese ambiente. El libro ha tenido éxito de ventas, como se espera de una obra de Wolfe. Incluso ha regresado a la lista de best sellers de National Campus, casi un año después de su aparición. Pero la crítica ha sido despiadada. Ha dicho poco menos que su novela es tan superficial como un guion de la serie juvenil "Beverly Hills" o un proyecto de película perfecto para Britney Spears.
El autor, por el contrario, parece pensar que ha dado otro batacazo. "Este es un momento extraordinario en la historia de una nación", dice ahora a quienes le escuchan en esta tarde tan fría como esas críticas. Tiene una mano enyesada y esta sería una ocasión única para que sus detractores le devuelvan algo de la ironía que él suele destilar. Una ocasión para satirizar su manera de escribir. Hay voces que se han burlado de su estilo de una manera lacerante. El escritor John Irving ha dicho en palabras más crudas que Wolfe apenas si sabe escribir. El no menos famoso John Updike escribió en el "New York Times" que el libro "Todo un hombre", la anterior novela de Wolfe, "ni siquiera es literatura de la más modesta aspiración". Pero el ataque más filudo vino de Norman Mailer, otro gigante de la narrativa norteamericana. "(Leer a Wolfe) es como ser seducido por una mujer de 300 libras. Una vez que llega a la cima, o te enamora o te asfixia", dijo el autor de "Los desnudos y los muertos". Wolfe, rápido para la respuesta, los etiquetó como "Los tres chiflados".

TODO UN PROFETA
Un año antes, en este mismo encuentro, le escuché al propio Mailer una diatriba corrosiva contra la guerra en Iraq. Que Thomas Wolfe esté parado en su lugar es casi igual de irónico. Espero, como varios, que Wolfe suelte ese discurso suyo sobre la guerra de Iraq, que alguna vez ha llamado "la excursión". Que diga algo de las simpatías que guarda hacia Bush, casi como una respuesta a la sátira de Mailer. No lo hace. No le voy a escuchar decir cosas como que: "Estamos viviendo en la Roma del siglo XXI [...] Este ha sido el siglo americano y no veo por qué el siglo XXI no pueda seguir siéndolo", según declaró a una publicación académica. Está claro que el tema político no va a estar en la agenda de hoy.
Wolfe insiste en dar unos consejos para periodistas que se creen escritores. El llamado padre del Nuevo Periodismo no cree en Internet. Él, que hasta hace poco escribía sus novelas a máquina, asegura que la red no ha traído nada revolucionario al mundo de los escritores y, menos aun, de los lectores. "¿Quién quiere leer en una pantalla de vidrio?", se pregunta este autor septuagenario que se resiste a la fatiga de escribir historias de más de 600 páginas. Más risas del auditorio. Una reportera joven le preguntará en unos minutos si los web logs, esos diarios virtuales que pueden ser publicados por cualquiera, podrían hacer una revolución. "Tendrían que ser muy interesantes. A lo mejor así podrían", responde el escritor.
Cuando la charla ha terminado, me provoca repetir algunas preguntas. Wolfe contesta con esa elegante amabilidad que puede ser sarcástica si no la sabes dominar. Le pregunto si cree que el periodismo está en crisis a raíz de casos como el de Judith Miller o Jason Blair y me responde que, de haberlo creído, no estaría aquí. Le pregunto que si todavía suscribe lo del nuevo periodismo y me dice que la receta es válida: una dosis de escenas, diálogos, detalles y opinión.

¿Qué está escribiendo ahora?
-Estoy trabajando en algo sobre la inmigración. Tú sabes, este es un país de inmigrantes. Y siguen llegando desde Rusia, Medio Oriente, de todos lados. Será una gran historia.

Su hija lo espera. Debe irse. Esta tarde ha firmado demasiados autógrafos y la mano derecha le pesa. La necesita para defenderse, no puede parecer débil. Nunca se lo permitiría.

Chomsky va a la Iglesia

NOAM CHOMSKY. Es el intelectual vivo más importante del mundo. La octava fuente más citada. Un pacifista acérrimo. El Comercio lo visitó en Boston

DAVID HIDALGO VEGA
Tienes que estar preparado para que Chomsky te empuje de cara a la realidad. Debes tener la mente abierta a que revuelque tu información. Sabe demasiado. Es alguien que puede decirte cuál es el último modelo de bomba utilizado por Estados Unidos en alguna de sus guerras en el Tercer Mundo, si tiene forma de fruta o de qué manera destrozará a un ser humano. Es alguien que te dirá, con números, nombres y apellidos por qué no debes creerle a los periódicos estadounidenses. Algunos no le perdonan que sepa tanto y otros lo adoran por eso. Hace algunas semanas, una encuesta internacional realizada por la revista británica "Prospect" lo señaló como el intelectual vivo más importante del mundo. Tuvo el doble de votos que su inmediato seguidor, el italiano Umberto Eco. Y el triple de los votos obtenidos por el filósofo alemán Jürgen Habermas.
El comentarista de la encuesta dio dos razones por las cuales pocos, ni siquiera quienes rechazan su postura de izquierda, se sorprendieron con los resultados. La primera es su rango intelectual: es un opinador tan brillante como lo es en la lingüística, su especialidad. "Segundo, y más importante, Chomsky pertenece a una tradición que remite a Zola, Russell y Sartre: un gran pensador o escritor que le habla al gran público sobre los temas de su tiempo antes que las minucias de la política". Tienes que estar preparado: Es una inteligencia que camina.

SERMÓN DE PAZ
Chomsky es un pacifista visceral con apariencia de profesor de secundaria. Lo compruebo una tarde en que él tiene el gesto de dar una charla benéfica para Bikes not Bombs, una organización que recolecta bicicletas para repartirlas en países azotados por la guerra, desde Ghana hasta Nicaragua. El título de su exposición ya es una denuncia: Guerra y Terror: Víctimas en el Extranjero, en Casa y en el Mañana. En la Iglesia Congregacional Central de Jamaica Plain, un barrio alejado de Boston, la situación no deja de ser curiosa: Chomsky, que varias veces se ha referido a las religiones como "creencias irracionales", habla desde el púlpito. La gente en la platea aguarda sus palabras con el silencio que se esperaría en el último sermón de un papa.
El hombre hace un desglose de los gastos militares de EE.UU. y los recortes presupuestales para salud o educación; cuenta que Estados Unidos comparte con Albania "el honor" de ser los únicos países que no aceptan la jurisdicción de la Corte Penal Internacional; describe con puntos y comas las "masivas guerras terroristas" desatadas por EE.UU. para dominar el planeta. Su información es tan abundante y de tantos puntos y tan concluyente que uno se pregunta en qué mundo estuvo parado hasta hace unos minutos. El problema de los estadounidenses, explica él, es que no están enterados de nada.
"Cuando en marzo del 2004 los españoles votaron por entregar la responsabilidad (del futuro de Iraq) a las Naciones Unidas y retirar sus tropas de Iraq, fueron duramente criticados. Pero no escuché a nadie decir que esa es la misma posición que ha tenido una gran mayoría de estadounidenses por mucho tiempo", comenta.
Cuando Chomsky termina de hablar uno se siente abrumado. Te ha contado de tales fuerzas que manejan el mundo que solo te reconoces como una pieza, algo como la metáfora de los embriones en la película "The Matrix". Hay gente que lo busca al final para pedirle más datos. Otros solo lo saludan como agradeciéndole por haberles abierto los ojos. Un latinoamericano tiene que preguntarle por su tierra. "Estados Unidos tiene más tropas en América Latina hoy de lo que tuvo en todo el periodo de la Guerra Fría. Esta es la primera vez que las fuerzas militares estadounidenses son más numerosas que el personal civil de las principales agencias federales", dispara. No sabes si lo dice para desanimarte o para que te sientas acompañado en el dolor. Igual te provoca averiguar más: la octava fuente más consultada en el campo del conocimiento --según el Índice de Citas en Artes y Humanidades-- está a medio metro de ti.

¿Diría que es el peor tiempo para la democracia en la región?
No te puedes preguntar solo por la democracia a secas. Si la democracia va a estar combinada con neoliberalismo estará en mal camino. Si analizas lo que ofrece el paquete neoliberal, cada elemento está diseñado para minar la democracia, de la liberalización financiera a las privatizaciones. En algunos casos la privatización lo trasluce bien: privatizar algunos servicios significa extraerlos de la escena pública, donde la gente puede tener voz y ponerlos en otro espacio, en las manos de algunos. Observa la liberalización económica: como cualquier economista internacional sabe, si liberalizas las finanzas, eliminas las posibilidades de los gobiernos para tomar decisiones democráticas; todos los aspectos de la sociedad y la economía están en las manos de los inversionistas. Ese conocimiento contribuye a manejar nuevos estándares en las historias y las finanzas nacionales. De modo que si la democracia se va a combinar con lo que es un gran ataque a la democracia, a la gente no le va a importar ese sistema.

Es el curso por el que ha sido llevada Latinoamérica. ..
Pero ese ataque puede ser respondido. De hecho, Argentina se resistió a las órdenes del FMI. Brasil está haciendo parcialmente lo mismo. La gente dice que Chile es una economía de libre mercado, pero eso es falso. Su economía está largamente basada en una eficiente pero nacionalizada economía del cobre enfocada a la exportación. Entre Bolivia y Ecuador hay movimientos indígenas que son bastante serios. El pueblo indígena de Ecuador no solo quiere controlar sus recursos, ni siquiera quiere usarlos. Ellos no quieren destruir su hábitat para que otra gente pueda conducir sus camionetas en Boston.

Bush plantea que Chávez es una amenaza para la democracia. Lo ha convertido en un objetivo tan central como en su momento Castro para Kennedy.
No creo que Chávez sea una amenaza para la gente pobre de Boston que está recibiendo gasolina barata. ¿Cómo puede ser una amenaza? ¿Qué puede hacer contra Estados Unidos? Sería una amenaza si fuera el jefe de una mafia y alguien no estuviera pagando su protección. ¿Castro es una amenaza? ¿Va a conquistar Castro Estados Unidos? No. Conocemos la respuesta. Tenemos sociedades libres, tenemos mucha documentación registrada. Podemos escoger no mirarla, pero conocemos el plan con gran detalle. Conocemos los reportes de la CIA y el Departamento de Estado bajo la administración Kennedy y los primeros años de Johnson, (donde se dice que) el mayor problema con Cuba, no soy literal, era su exitoso desafío a la política de regresar a la doctrina Monroe (de intervención en América Latina). Eso no podía ser tolerado, ¿sabes por qué? Pregúntale a tu capo de la mafia favorito. El otro problema para la administración Kennedy, según documentos que ahora son públicos, es lo que Kissinger llamaba "la expansión de la idea de Castro de tomar los asuntos en sus propias manos", lo que podía atraer a otra gente en Latinoamérica a hacer lo mismo. Eso es peligroso para algunos: puede despedazar el sistema. Hubo una amenaza con la crisis de los misiles, sí, pero ese fue el resultado de una masiva guerra terrorista contra Cuba. No vino de la nada. La meta de Robert Kennedy era inundar de lágrimas el territorio cubano.

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Nada parece escaparse a la capacidad de análisis de este hombre. Te habla de historia, economía y política con datos de los que no tenías noticia. Si le preguntas qué razón había para el ataque a las Torres Gemelas no lo va a justificar, pero te va a decir que en 1998 Bill Clinton ordenó un ataque a una planta química en Sudán que parecía ser una fábrica de armas biológicas y en realidad era una fábrica de medicinas. El guardia sudanés muerto en ese ataque y las diez mil personas que fallecieron en ese país por falta de esas medicinas sufrieron una masacre peor que la de las Torres Gemelas, te dirá. Y no le va a importar si el dato te horroriza o no.
Pero Chomsky tiene una asombrosa habilidad para hacer de lo que sabe una síntesis entendible para el mortal más inaprehensivo. De hecho, a diferencia de otros intelectuales de su talla, puede decirse que forma parte de la cultura popular. El cantante Bono, líder de la banda U2 lo ha llamado "El Elvis Presley del mundo académico". Y en alguna oportunidad recibió una invitación del grupo REM para que participara en una gira: en lugar de otro grupo telonero, los músicos lo querían a él dando una charla sobre lo que pasa en el planeta. Chomsky no aceptó. Le pareció que tenía mala voz.

PAZ ARMADA
Chosmky trabaja en un edificio de apariencia futurista que hasta hace unos años fue el llamado Edificio 20. El lugar fue famoso en su tiempo porque albergó a lo mejor de la inteligencia científica de Estados Unidos. Allí se hicieron los primeros experimentos con electrónica. Por sus pasillos caminaba gente como Norbert Wiener, ese genio que hablaba trece idiomas, pero que debía preguntar para saber si iba o venía de almorzar. Científicos de varias disciplinas, desde la tecnología a la lingüística, se cruzaban e intercambiaban ideas en un ambiente librepensador. Había perros y niños jugando por los rincones de los pasillos y laboratorios, porque algunos científicos detestaban la idea de regresar a casa. Era un lugar tan extravagante que una revista de su época lo bautizó como "La incubadora mágica". El nombre decora el hall de la nueva construcción.
Curiosamente, en ese mismo edificio hubo un departamento dependiente del ejército estadounidense dedicado a la investigación en tecnología militar. Incluso hoy, en el mismo edificio del Instituto Tecnológico de Massashussetts donde trabaja el pacifista más famoso del mundo hay un salón dedicado a la poderosa corporación Lockheed Martin, una de las principales proveedoras del Departamento de Defensa de EE.UU. El iconoclasta Chomsky le ha puesto un sobrenombre de su cosecha: "invernadero para el desarrollo de armas".

China es ya una potencia real. Su presencia se siente en todo el mundo.
El problema con China (para EE.UU.) es que no puede ser intimidada. Ellos no son como los europeos. Si tú les dices qué hacer te mandan al diablo. Hacen lo que quieren. El sistema de China funciona hace más de tres mil años, son el centro del mundo y los demás son bárbaros. Hace menos de 100 años eran más o menos presionados por los europeos, pero ahora han recuperado su propia posición. En el tema del poderío nuclear Estados Unidos los está empujando a desarrollar un sistema de defensa ofensivo.

¿Debemos estar tan alarmados como en la Guerra Fría?
Ellos no lo habían hecho antes. China estaba liderando esfuerzos para avanzar en el desarme nuclear, para parar la carrera espacial, pero si es amenazada por la mafia, lo van a hacer. Y la administración de Bush está empujando a China a una posición en que podría destruir a Estados Unidos por accidente. Tú sabes que uno pone sus misiles en posición de ataque. Estados Unidos posee un sistema mucho más sofisticado y tiene cientos de accidentes. Y si la intervención humana no puede evitar una falla, tenemos dos minutos para correr.

Con la información que usted maneja, y ofrece en sus libros, el panorama futuro puede resultar deprimente.
Yo no lo veo así. Yo creo que hay esperanza. Lo que pasa en Latinoamérica me parece esperanzador. Las posibilidades de los estadounidenses me parecen extremadamente esperanzadoras. Puedes apostar a eso. Por qué la gente no podría hacer aquí lo que hizo en Brasil. Quiero decir, Lula puede haber sido decepcionante en varios sentidos, pero ese es un país donde a pesar de tener un Estado muy deprimido, una enorme concentración de la riqueza, altas cifras de analfabetismo y pobreza, y a pesar de todo la gente ha sido capaz de elegir a su propio presidente. Un líder sindical, apenas con educación superior, que nunca apareció cada cuatro años a decir: voten por mí. Él estuvo en el Partido de los Trabajadores, en el movimiento sindical. Esa es la base de la política. ¿Si eso pasó en Brasil, por qué no puede pasar en Estados Unidos?

Pero ha habido mucha violencia para llegar a esto.
No podía ser de otra forma con dictaduras apoyadas por Estados Unidos. Nosotros no tenemos ninguno de esos problemas. Cuando la gente aquí dice que no se puede, me parece una broma. Pudo pasar en Bolivia, en Brasil, incluso en España. En España tuvieron elecciones democráticas y votaron por un tema del que nosotros ni podemos hablar: que las tropas estén bajo el control de Naciones Unidas. Por eso, cuando la gente dice: no sé qué hacer, uno solo puede reírse. Nosotros estamos en una posición que es un regalo de la gente que estuvo antes que nosotros. Las libertades no vienen solas. Echa un vistazo a la historia. Incluso la libertad de expresión, que es una de las mayores preocupaciones en EE.UU. es fruto de un gran esfuerzo. Mira los derechos civiles, son fruto del movimiento de los años sesenta.

Usted habla de las Naciones Unidas, pero en los últimos años ha caído en un tremendo desprestigio.
¿Pero qué es lo que impide actuar a las Naciones Unidas? Estados Unidos. Es fácil responder a estas cuestiones. Podemos tener confianza.

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Hay gente que no está de acuerdo. Sus detractores dicen que él nunca va a reconocer que se ha equivocado. Hay quien incluso sugiere --cuando los argumentos contra él fallan-- que Chomsky es un exagerado o que ha perdido contacto con la realidad. Entonces sería bueno que te sentaras y lo escucharas. O que leyeras sus libros. Vas a ver que nunca antes comprendiste dónde estabas parado.

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LA FICHA
NOMBRE: Noam Chomsky.
EDAD: 77 años.
LUGAR DE NACIMIENTO: Philadelphia, EE.UU.
TRAYECTORIA: Lingüista, actualmente es profesor en el Instituto Tecnológico de Massashussetts (MIT). Escribe sobre temas de actualidad, política internacional y de su especialidad.
PUBLICACIONES: Tiene varias decenas, entre ellas destacan: "El gobierno en el futuro" (2005); "Secretos, mentiras y democracia" (1994) y "Lo que el Tío Sam realmente quiere" (1992).

sábado, enero 7

Pobres enfermos los de antes

EXPEDIENTE. Una reciente novela rescata la antigua creencia de que el dolor de muelas era causado por un gusano. Un estudio reeditado del célebre psiquiatra Hermilio Valdizán consigna que una conjuntivitis salvó al Imperio Incaico. La historia de la medicina tiene episodios alucinantes

POR DAVID HIDALGO VEGA

Un par de ojos sanguinolentos salvaron al Imperio Incaico de una de sus peores conspiraciones. El príncipe heredero Tito Cusi Huallpa había sido secuestrado por el rey de los Ayamarcas, despechado porque la madre del muchacho, una princesa de Huallacán, había sido ofrendada como esposa a Inca Roca. Todavía el Cusco era un señorío emergente, amenazado por los reinos vecinos y la conjura era una muestra de su debilidad. Según la leyenda, en el instante en que iba a ser asesinado, el niño lloró lágrimas de sangre. Sus captores quedaron aterrados ante el prodigio. Creyeron que era una señal divina, el enojo del cielo por la afrenta al hijo del inca, y lo enviaron de regreso. En realidad se trataba de un cuadro de conjuntivitis crónica que marcó la historia del Perú precolombino. Cuando subió al trono como séptimo inca, Tito Cusi Huallpa aprovechó su dolencia con una hábil jugada de márketing: se hizo llamar Yahuar Huaca, "el que llora sangre".
En el libro "Historia de la medicina peruana", que acaba de ser reeditado por el INC, el célebre psiquiatra Hermilio Valdizán rescata ese episodio para explicar que en la época no había manera de saber que se trataba de un simple mal de los ojos: "Las oftalmopatías no debieron ser raras entre los primitivos habitantes del Perú y la ceguera, la forma más grave de ellas, debió ser relativamente frecuente, a juzgar por las muchas veces que encontramos representaciones de ella en la cerámica peruana".
En el mundo andino había médicos para toda clase de malestares e inquietudes. El cronista Miguel Cabello de Balboa recoge la versión de una especie de faquires andinos que "andaban desnudos por los lugares más apartados y sombríos de esta región". Los llamaban huacacuc. Dice que se dedicaban a meditar y hacer adivinanzas y que tenían la facultad de mirar directamente al sol para descifrar sus respuestas. Había también curanderos llamados calparicuqui, que podían saber cuánto viviría un hombre con solo leer las vísceras de aves y corderos; los viropiricos, que leían la suerte en el humo que botaban la grasa ardiente de animales; los achicoc, que lograban lo mismo a partir de granos de maíz salpicados sobre estiércol. Había curanderos buenos y malos, populares y de la élite. Martín de Murúa habla de los galenos de la corte: "Tenían los ingas siempre consigo un médico, que llamaban ambicamayo, aunque sin este había otros muchos en el palacio real, y con estar dentro no podían visitar a ningún enfermo sin licencia del inga, ni los barberos sangrar ni sacar muelas sin que el inga les diese licencia primero".
Esto de las prácticas odontológicas tuvo un uso menos sofisticado: solían arrancar muelas como castigo. Los dientes se usaban para aplicaciones en cierta clase de trofeos. Esto supone la existencia de especialistas "precursores del dentista moderno", "a menos que tal operación, llevada a cabo con finalidad exclusivamente represiva, hubiese sido realizada sin el menor cuidado y en forma que, en vez de representar una extracción de dientes, hubiese sido más bien una destrucción traumática de piezas dentarias", comenta Valdizán.
Una de sus preguntas más interesantes en este punto es por qué los Incas, tan previsores en construir tambos, caminos y grandes obras de infraestructura, no tuvieron una institución donde se atendiera específicamente a los enfermos, una especie de hospital. "Tal vez para no provocar el enojo de aquellas mismas divinidades que habían enfermado al hombre a título de castigo", supone.

TEMOR OCCIDENTAL
Contada de esta manera, la medicina precolombina tiene un matiz de barbarie. Pero antes y después se produjeron en Europa episodios tan o más delirantes, crisis colectivas como las que abundaron a raíz de las pestes entre 1348 y 1720 a lo largo del continente. Lo desconocido siempre encuentra explicación en lo inverosímil. "Hasta finales del siglo XIX se ignoraron las causas de la peste, que la ciencia de antaño atribuía a la polución del aire, ocasionada a su vez por funestas conjunciones astrales, bien por emanaciones pútridas venidas del suelo o del subsuelo", señala Jean Delumeau, experto en historia de las mentalidades religiosas, en el libro "El miedo en Occidente".
Para evitar la enfermedad, la gente limpiaba cartas y monedas con vinagre y usaba perfumes de lo más irritantes, cuando no alguna aplicación de azufre. En ciertos lugares, la gente "salía a la calle en período de contagio con una máscara en forma de cabeza de pájaro cuyo pico estaba lleno de sustancias odoríficas". El hombre de la Edad Media no relacionaba la peste con las ratas y menos con las picaduras de las pulgas. El panorama de hambrunas y putrefacción era dramático, como señala un cronista de 1630: la gente se abalanzaba sobre las carretas de verduras, "se hubiera dicho que parecían cabras hambrientas yendo hacia los pastos...Sobrevinieron luego enfermedades atroces, incurables, desconocidas por los médicos, por los cirujanos y por cualquier hombre viviente".
El remedio de entonces era aplicar sangrías a discreción y sacrificar caballos o bueyes. En la Italia del siglo XVII se pensaba que la peste era una plaga como las de Egipto. "Se la identifica como una nube voladora venida del extranjero y que se desplaza de comarca en comarca... sembrando la muerte a su paso". Algunos creían que se trataba de uno de los jinetes del Apocalipsis.
En medio de tales supersticiones, no era extraño que se apelara a procedimientos traumáticos. Un médico de Málaga escribía en 1650 que los cirujanos trataban de extraer los tumores de las axilas y de las ingles de los apestados. Según describe Daniel Defoe en el "Diario del año de la peste": "Algunos eran tan duros que no podían abrirlos con ningún instrumento, entonces los cauterizaban de tal forma que muchos pacientes morían enloquecidos por esta tortura". Los tratamientos podían ser peores que la epidemia. Realidad corroborada en una biografía sobre el médico alemán Philippus Theophrastus, mejor conocido como Paracelso, escrita por el respetado Honorio Delgado: "Quién ignora que hoy en día la mayoría de los médicos causan los mayores perjuicios a los enfermos tratándolos de la peor manera, pues están esclavizados a las palabras de Hipócrates, Galeno, Avicena y otros", había dicho el misterioso hombre a mediados del siglo XVI.

DELIRIOS MORTALES
Ejemplo evidente era la forma de tratar la locura. El historiador inglés Roy Porter afirma que las enfermedades mentales eran consideradas como evidencia de posesión demoníaca o tal vez de aberraciones hereditarias. "Los lunáticos y los 'idiotas del pueblo' quedaban comúnmente bajo el cuidado doméstico que, muy a menudo, consistía en negligencia o crueldad; a veces se los confinaba al sótano o se los enjaulaba en la porqueriza, a veces quedaban bajo la custodia de algún sirviente y, otras veces, se los echaba de la casa para que anduvieran por los caminos y limosnearan su alimento".
Las terapias fueron las mismas durante siglos: se sujetaba con correas y camisas especiales a los pacientes, se les aplicaba sangrías y purgas. Hubo el caso muy sonado de un hombre en Inglaterra que permaneció con una cadena al cuello durante años. Otro tratamiento del siglo XVII, heredado de los tiempos de la caza de brujas, decía que debía amarrarse al paciente para sumergirlo de improviso en una poza de agua fría. No era algo extraño: en esa misma época se pensaba que el dolor de muelas era causado por un gusano llamado Neguijón, al que se trataba de extraer con procedimientos propios de una carnicería (alucinada creencia que da pie a la reciente novela homónima del escritor Fernando Iwasaki).
En su libro "Breve historia de la locura", Porter da cuenta de que los manicomios no se inventaron para atender a los pacientes, sino para lucrar con su cuidado. "Tras las torturas y los asesinatos delirantes de la Edad Media y del Renacimiento, en los que se confundía la posesión demoniaca con el delirio y los desvaríos, y se buscaba rastros de brujería en las divagaciones de las ancianas dementes, sobrevino la crueldad y la degradación de los manicomios de los siglos XVII y XVIII, en los que las autoridades se servían de cadenas y látigos como instrumentos de trabajo", escribió el psiquiatra Aubrey Lewis en 1960. Incluso en el siglo XIX muchos asilos para enfermos mentales ni siquiera estaban a cargo de psiquiatras.
De estos delirios y varios más está regada la historia de la medicina. Algo hay que agradecer entonces a los inventores de analgésicos. Cuando un dolor nos provoca una mueca, habría que pensarlo: pobres enfermos los de antes.