lunes, junio 28

Vivir muriéndose de frío

INVIERNO EN LIMA
ESTAMPAS DE UNA CIUDAD BAJO LLOVIZNA


Hace días que los limeños se levantan, pasan el día y se duermen tiritando. La estación menos esperada se adelantó, la humedad llegó a su tope y dicen que solo es el principio

DAVID HIDALGO VEGA

Ojalá pase algo que te borre de pronto, una luz cegadora, un disparo de nieve. -Silvio Rodríguez


Los psicólogos alertan que el invierno es una estación suicida. Hay una termodinámica de la tristeza que encara a la gente con sus peores abismos a medida que siente más frío. Años atrás, el instituto Honorio Delgado-Hideyo Noguchi encontró que al menos tres de cada diez limeños adultos ha sentido la tentación de irse de este mundo. Puede que los primeros intentos hayan ocurrido entre otoño y primavera, pero también después de una traición. Por algo se habla de los engaños como una fría puñalada.
El 7 de junio de 1964 el futbolista Vidal Farfán Villafuerte, estrella de Los Halcones de Chacra Ríos, metió un gol que salvó a su equipo de la derrota y segundos después un ataque cardíaco lo puso en los gélidos brazos de la muerte. Ese mismo día, la selección brasileña goleó por cuatro goles a cero a la blanquirroja en un virtual baldazo de agua fría para la afición. A la una y veinte de aquella tarde gris una avioneta piloteada por los hermanos Eyzaguirre se estrelló diez minutos después de despegar del aeropuerto del Callao. Los archivos no mienten: esa mañana la temperatura de Lima bajó hasta 9,4 grados. El día más frío del invierno más frío fue una jornada de catástrofes.
Podría decirse, con razón, que una estación meteorológica es una caja negra del clima. Se trata de un cubo de cincuenta por ochenta centímetros, en el que se ha dispuesto varios aparatos de medición para determinar la temperatura más alta del día y la más baja. Cada mañana, entre las seis y las siete, un hombre se acerca a la caja que existe en la estación de Córpac, en el aeropuerto Jorge Chávez y lee la marca de un termómetro de mercurio. Casi a la misma hora, otro técnico se acerca a una caja parecida en el Campo de Marte y saca otra lectura. Habrá algunas líneas de diferencia entre ambos resultados porque, se sabe, siempre hace más frío lejos del mar.
Los limeños, en cambio, pensamos lo contrario. El que la humedad haya alcanzado el 100% en los dos últimos días ha puesto en alerta a los habitantes de los distritos costeros de Lima. Ser limeño es estar a un paso de las branquias, se decía cuando íbamos al 90%. Ayer hubo numerosas escenas de peces fuera del agua: la gente que salió a correr por las mañanas para mantener el físico entre los mordiscos del viento, los jubilados que enmohecían en cola desde las cinco de la mañana para sus trámites bancarios, los escolares que se deslizaban sobre las calzadas mojadas con la determinación de un asalariado. En esta ciudad sin estufas, la tolerancia al frío es una variante del patriotismo.
Según los meteorólogos, en la franja que va de Chorrillos al Callao la temperatura apenas podría variar de los 13 a los 16 grados. En los distritos interiores, donde nunca huele a mar, la brecha será más grave: podrá variar de 11 a 18 grados. "Una cosa es la temperatura y otra la sensación térmica. Cuando hay vientos, puede situarse hasta un grado por debajo de la medición", explica el ingeniero Wilmer Culache, especialista del Senamhi. Quiere decir que siempre podremos sentir más frío del que marcan los termómetros.
El invierno puede ser detestable: es la época en que los depresivos se ponen más depresivos que nunca, la temporada del carrusel de los resfríos, la cuarentena de las bancas de los parques. Pero siempre tienen su lado positivo. Sedapal ha informado que la gente está abriendo menos los caños para regar jardines e incluso lavar ropa. Es la frugalidad de los escalofríos: en solo 45 días la ciudad se ha ahorrado seis millones de metros cúbicos de agua.

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CRONOLOGIA
Los inviernos más fríos en Lima

[1933] 26 de junio: 9,7 oC .
[1933] 8 de julio: 9,6 oC.
[1937] 10 de junio: 10,5 oC .
[1943] 19 de julio: 10,6 oC.
[1950] 28 de junio: 10,6 oC .
[1954] 11 de julio: 11,0 oC.
[1964] 7 de junio: 9,4 oC.
[1975] 13 de agosto: 11,8 oC
[1996] 4 de julio: 11,9 oC
[1999] 4 de julio: 13,3 oC.

Los amantes de Machu Picchu

Kenneth y Ruth Wright
DOS FANATICOS DE LOS INCAS


Estos esposos estadounidenses se han convertido en verdaderos embajadores de la ciudadela cusqueña. Han publicado libros y guías turísticas, han visitado el lugar en trece ocasiones y han descubierto tramos desconocidos del Camino Inca. Todo por amor al lugar

DAVID HIDALGO VEGA

El embrujo de Machu Picchu es el de toda ciudad bajo una condena eterna: siempre luce más hermosa a medida que parece a punto de desbarrancarse. Su celebridad mitológica radica en que no se cae, pese a las amenazas de derrumbes y al tránsito excesivo de turistas sobre ese santuario de callejas geométricas. A muchos visitantes parece no importarles el deterioro silencioso, pero sí a un matrimonio estadounidense que ha convertido a la ciudadela en el escenario de su pasión otoñal: Kenneth Wrigth, un ingeniero civil con vocación de rabdomante, y su esposa Ruth, una abogada retirada de los ajetreos de la política. Desde que llegaron a este punto cumbre del Cusco la biografía de sus últimos diez años es la de dos embrujados por las ruinas, según esa idea popular de que todo vestigio del pasado alberga maldiciones, pero también destinos.

"Mi primera visita fue en 1974 y me encantó", recuerda Ruth. Su primera impresión fue la de una ciudad que se había secado con el tiempo. "Cuando regresé a casa, en Denver, le comenté a mi esposo cómo era posible que quienes construyeron esta ciudad hubieran podido abastecerse de agua en las montañas". Kenneth prometió averiguarlo. No eran palabras al paso porque el hombre llevaba años especializándose en estudios de paleohidrología, algo así como el rastreo de recursos de agua del pasado. Su empresa consultora hace estudios de subsuelo para gigantes del petróleo y empresas mineras desde Estados Unidos hasta Medio Oriente. Durante diez años estudió las tierras de la desaparecida tribu Anasazi, en Mesa Verde, Colorado, hasta rescatar el método que usaron para obtener agua. La idea de desentrañar cómo los incas hicieron lo mismo en esa ciudad perdida en las montañas andinas lo entusiasmaba como un arca perdida a su Indiana Jones.

Le tomó veinte años obtener el permiso para iniciar sus estudios. En 1994 formó un equipo de ingenieros civiles, arqueólogos y habitantes de la zona para iniciar las exploraciones. "Traje especialistas de Denver para que aprendieran de lo que construyeron los incas", dice el hombre. Su entusiasmo ha sido recompensado con benevolencia por apus protectores en los que no cree, pero que respeta. Una vez, mientras se hacía una excavación para analizar los suelos, el equipo encontró un brazalete de oro que yacía casi un metro bajo tierra. No era un entierro, acaso sí un pago a la tierra. "Era el primer objeto de oro que aparecía en Machu Picchu", dice el hombre, orgulloso. El que busca encuentra y el obseso más: según los registros que tiene, hasta ahora ha descubierto tres tramos perdidos del famoso Camino Inca.

El primero de estos tramos apareció a sus ojos en 1999. El trecho estaba ubicado hacia el flanco este de la montaña. "Es el más importante de los tres. Según me ha dicho el arqueólogo Alfredo Valencia Zegarra, puede ser el descubrimiento más importante desde el hallazgo de Hiram Bingham". El segundo tramo apareció en el año 2002 y aparentemente era una vía para la llegada de alimentos desde Killapata. El día del descubrimiento se desató tal entusiasmó que alguien sugirió bautizar ese sector con el nombre de su esposa. Lo iban a llamar El Camino de Ruth, pero la prudencia científica, ese sacudón de realidad que sucede a los hallazgos, ha hecho que permanezca como el sector L.

El tercer tramo apareció hará apenas un par de semanas. Está ubicado en una posición más alta de lo normal y fue hecho con un cuidado especial, bien asentado y con mejores materiales que los dos anteriores. "Creemos que pudo estar reservado como vía militar, porque permitía un rápido desplazamiento de gente, tropas tal vez", indica Wright, con la seguridad de quien se ha dejado adoptar por la arqueología. Sin embargo, sabe que las ciencias no admiten entenados y se cuida mucho de no invadir terrenos ajenos. Uno de sus libros más conocidos, "Machu Picchu, una maravilla de la ingeniería civil", fue escrito en colaboración con el mismo arqueólogo Valencia Zegarra y su esposa Ruth.

"Nosotros hemos conocido otras partes del mundo: Arabia Saudí, Roma, Grecia, Bagdad. Pero ninguna nos cautivó así", precisa ella. Machu Picchu es su pasión compartida. Lo han visitado tantas veces que cada uno puede hacer de inmediato un mapa mental con detalles que los turistas ocasionales pasan sin notar. En ocasiones han llegado a venir tres veces en un año solo para seguir estudiando, tomando fotos y compenetrándose con los habitantes. Kenneth es padrino del equipo de fútbol del pueblo. Una camiseta verde honorífica lo reconoce sin exigirle ajetreos inútiles. En el año 2000, una resolución municipal los nombró Ciudadanos Ilustres, aunque tal vez el título debió ser el de embajadores de las ruinas incas. Es el papel que se han tomado a tiempo completo.

Cada año la compañía de los Wright publica un calendario cuyo motivo exclusivo es Machu Picchu. Los diez mil ejemplares son enviados como obsequio a los ejecutivos de importantes empresas estadounidenses con las que mantienen contratos. "Muchos los tienen colgando en sus oficinas y me han comentado sus ganas de venir", dice Kenneth. Todas las fotos que ilustran esos calendarios han sido tomadas por Ruth y han ganado varios concursos de almanaques en Estados Unidos. El calendario del 2005, sin embargo, llevará detalles de la extraordinaria ilustración de Machu Picchu realizada por el famoso artista Robert Giusti para la edición internacional de la revista "National Geographic".

Más que una concesión entre artistas, es una colaboración. Ocurre que Giusti se inspiró en las fotografías de la señora Wright para dibujar cada detalle. Cada cierto tiempo, el artista les enviaba un avance de la ilustración para que ellos le hicieran observaciones. Cuando era necesario, los Wright le facilitaban más fotografías. El resultado es una pintura que reconstruye la vida en la ciudadela como debió ser antes de la caída del imperio: los edificios lucen sus techos de paja y las estilizadas paredes de piedra; los labradores preparan la tierra de los andenes para una nueva faena de sembrado; una pequeña multitud se reúne en la plaza central para una fastuosa ceremonia. Cada piedra dibujada es reflejo exacto de la que existe en el lugar. El mérito del retrato es que Giusti jamás ha pisado Machu Picchu. Los Wright fueron sus ojos.

"Ha sido una relación mutua. Kenneth y yo amamos Machu Picchu por igual", afirma Ruth. Desde que ella descubrió el lugar para sí, a mediados de los años setenta, ambos han venido trece veces y han permanecido bajo su embrujo por temporadas variables. Aquella primera vez, Ruth llegó con sus hijas Rosemarie y Leslie, todavía adolescentes. En años posteriores han traído al esposo de la primera, Grosvenor. " En agosto cumplimos cincuenta años de casados y pensamos venir a celebrarlos con la familia en la ciudadela", adelanta Ruth, quien ha desarrollado los lazos más emotivos con esta joya de piedra.

El último recinto de los incas parece haberla marcado de un modo indeleble. Una tarde, mientras exploraban un sector poco conocido del complejo, decidió limpiar una fuente de agua que estaba atorada con maleza. Cuando el conducto quedó limpio, una hilacha de agua empezó a descolgarse sobre la fuente. Era el primer chorro en quién sabe cuánto tiempo. "Uno de nuestros asistentes se arrodilló frente a la fuente y empezó a agradecer a sus dioses porque posiblemente la habíamos abierto después de quinientos años. Fue un momento de mucha espiritualidad. Es algo que no olvidaré jamás". Experiencias como esas la hicieron escribir una guía titulada "The Machu Picchu Guide Book, a self guide tour", que salió el año pasado y vendió trece mil copias. En enero saldrá a la venta una segunda edición. Nadie como ella para conducir a los viajeros por los vericuetos de ruinas que ya no le guardan misterios.

La de Kenneth es una pasión racional, si se permite el feo oxímoron. Admira como nadie los méritos de la edificación, sus detalles técnicos. "Hasta ahora traigo a los ingenieros de mi compañía para que estudien Machu Picchu como una pasantía. A veces nos agradecen por venir a hacer estudios, pero la verdad es que los agradecidos somos nosotros, por lo que aprendemos aquí", dice el hombre. Su manera de retribuirla no queda en palabras. Hace poco, la pareja cedió a la Universidad de Ingeniería los derechos de tres publicaciones: la citada obra sobre la ciudadela, el libro "Tipón: obra maestra de la ingeniería hidráulica" y la guía publicada por Ruth.

Hay lugares que adoptan a personas y personas que adoptan lugares para vivir. Está claro que esta relación es una moneda que tiene ambas caras. Los Wright tienen planeado nuevos viajes al Cusco, que, a estas alturas, es casi su segundo lugar en el mundo. Como dice una canción: llegar y partir son dos lados de un mismo viaje. Y el de ellos siempre conduce a Machu Picchu.

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LA FICHA

Nombres: Kenneth y Ruth Wright.
País: EE.UU.
Profesiones: Ingeniero civil y abogada.
Publicaciones:
"Machu Picchu: una maravilla de la ingeniería civil".
"Tipón: obra maestra de la ingeniería hidráulica".
"El libro guía de Machu Picchu".

Estas obras han sido cedidas a la Universidad Nacional de Ingeniería para su publicación en el Perú, como una manera de devolver los conocimientos adquiridos.


La voz que superó el luto

TITO NIEVES. EL PAVAROTTI DE LA SALSA EN LIMA

El famoso cantante salsero acaba de perder a su hijo mayor a causa de un cáncer, pero ya volvió a los escenarios. Ahora promueve una fundación benéfica para ayudar a jovenes que sufren el mismo mal. Ayer fue condecorado por apoyar causas nobles

DAVID HIDALGO VEGA


El salsero tormentoso de ayer es ahora un predicador de su propio cambio. Muchos de sus seguidores recuerdan cómo Tito Nieves estuvo a punto de enterrar su carrera en los mismos vicios que han hecho de la salsa una cofradía de ídolos desmoronados. Nieves siempre reconoce deudas sonoras con Héctor Lavoe, el cantante de los cantantes salseros que es para el género lo que Jim Morrison para el rock: un mito que se consumió a sí mismo. Y su arte guarda parentescos con el de Frankie Ruiz, otro astro al que sus venas amargas llevaron primero a prisión y más tarde a la muerte.

Pero el llamado Pavarotti de la Salsa sobrevivió a sus períodos más grises -hace años fue adicto a las drogas y el alcohol- y logró mantener una carrera expectante. Algunas de sus interpretaciones pueden considerarse insustituibles, como esa versión salsera que hizo del tema "De mí enamórate", de Juan Gabriel, o la de "Señora ley", un éxito que ha mantenido su fama vigente a pesar de los altibajos. Fue justamente este último el que le ha generado una relación especial con el Perú. Durante años se ha mantenido como un éxito radial que las modas tropicales no han podido batir. Y el título ha sido adoptado por el uso popular como sinónimo de rectitud en un país entenado de la justicia.

Esta visita coincide con el deseo de una asociación civil de usar el título de su canción para una campaña por los derechos de mujeres y niños y Nieves no ha querido negarse porque viene de un drama personal: acaba de enterrar a su hijo. Ommy, su primogénito de 24 años, murió hace dos meses y medio a causa de un cáncer a los huesos. El propio Nieves reconoce que hay en esta última tragedia una ironía desoladora: él, que pasó por todos los riesgos, sobrevivió al hijo que llevó una vida tranquila. Pero ha decidido superarla con su retorno a la música y sobre todo con una fundación que ayuda a los jóvenes que padecen la misma enfermedad.

Te acaban de condecorar por tu labor humanitaria. Es una nueva faceta.
Mi trabajo está hecho, musicalmente hablando, pero la satisfacción llega cuando puedo ayudar a una persona emocionalmente con una canción mía. Ahora tengo un tema titulado "Fabricando fantasías", que me emociona porque está dedicado a mi hijo, quien acaba de morir.

Te toca fibras.
Cuando la escucho a solas me pongo a llorar. El público que la oye comprende el dolor de un padre cuando un hijo se le ha ido.

Es la etapa más difícil de tu vida.
Seguro. El domingo pasado fue el día del padre y él falleció hace solo dos meses y medio, el 31 de marzo. El 10 de julio iba a cumplir 25 años. Es cierto: es más difícil enterrar a un hijo que enterrar a un padre. Y veo a otros hijos que eran sus amigos y pienso en él, hay canciones que escucho y pienso en él, hay lugares a los que vuelvo y pienso en él.

Fue cáncer a los huesos. Debió sufrir mucho.
La enfermedad se la detectaron hace dos años en un hueso de la espalda y lo atendieron a tiempo, pero después de un año y medio le reapareció en la cadera. De allí pasó a los pulmones y en ese punto se le formaban unos globos de sangre que le hacían difícil respirar. Luego el mal pasó a otras partes, empezó a recorrer su cuerpo. Duró apenas tres meses. Es lo más difícil que he enfrentado en la vida. Y mira que yo he enfrentado bastante. El alcoholismo, las drogas. Mis amistades me dicen: "Tito, va con el tiempo". Yo solo le pido a Dios que me ayude.

Cancelaste conciertos para estar a su lado.
Sí, porque uno no está en ese estado de mente. Yo para subir a un escenario tengo que prepararme. Yo no puedo salir peleando de mi casa para entretener al público, porque no estoy en mi estado ideal. Cuando se me presentó esto, cancelé todo y mucha gente entendió la razón. La primera vez que me tocó volver a un escenario, después de su muerte, fue un acto para la Fundación Americana del Cáncer. Y me sentí bien porque sabía que ellos me iban a arropar, entendían lo que me pasaba. Pero cuando me tocó estar con el público, en Nueva York, allí fue más difícil. Se me puso un taco en la garganta. Pero tenía que salir adelante.

¿Has buscado ayuda especial para superarlo?
Cuando puedo le hablo a Dios. Ahora quiero seguir apoyando a una fundación que tengo a nombre de mi hijo. Me va a ayudar mucho saber que está ayudando a jóvenes con el mismo problema.

Hace un momento hablabas de que habías pasado otras etapas difíciles.
Sí, la etapa que le dediqué a las drogas, al alcoholismo, hace trece años. Fue una parte muy obscura de mi vida. Uno cuando se inicia y empieza a meterse en cosas que desconoce. Me puse muy abusivo con la cocaína, el cigarrillo. Me descuidé. Pero desde el 91 estoy limpio de todo. Y después de haber superado tantas cosas en la vida me vino este golpe. Hasta me siento culpable.

¿Por qué?
Porque pude haber hecho más, incluso para prolongar la enfermedad. Mis amigos me dicen que no, pero como padre es lo que siento.

Tú tienes otros hijos.
Sí. El segundo, Tito, de 7 años. Mi esposa, que es mi segundo compromiso, ya tenía dos de un anterior matrimonio y los considero como a mis hijos porque hace trece años que estamos juntos. Y todos se llevaban muy bien.

Tengo entendido que tu esposa es tu manager.
Sí, llevamos trece años juntos. Uno tiene que saber separar las cosas, cuando hablamos de negocios es de negocios. Ella, cuando me vende, no vende a su esposo, sino al artista. Nos conocimos en California. Nos habíamos criado en la misma vecindad. Cuando nos reencontramos yo ya era conocido, pero ella también tenía un gran trabajo. Es una gran madre y una gran mujer.

¿Eres cristiano?
Todo el que cree en Cristo es cristiano, pero no he cambiado de religión. Soy católico, leo la Biblia, aunque no la llevo bajo el brazo.

¿La fe te salvó de las drogas?
No tanto así. Yo invertí mucho en tratamientos. Debo haber gastado unos 150 mil dólares en terapias, pero la vida vale mucho más. Gracias a Dios llevo años lejos de todo lo que me destrozó emocionalmente, físicamente, económicamente. Uno se destroza hasta la muerte. No nos vamos a hacer los tontos, eso es lo que pasó con los que se han ido, como Héctor Lavoe, Frankie Ruiz. Todo ese tiempo abusivo contribuyó a su muerte. Yo fui uno de los más dichosos, porque me salvé. Siempre tengo el presentimiento de que nuestro destino ya está escrito. Y por más que tú intentes suicidarte o matarte, no lo vas a lograr hasta que Dios lo diga. Esta mañana llego y escucho las noticias sobre el policía que mata a sus dos hijos y a su mujer y no lo comprendo. Me digo: un hijo se me fue contra su voluntad, porque el cáncer que le dio no lo causó él, y hay gente a la que Dios le da dos hijos y termina matándolos. Por eso creo que el diablo trabaja las veinticuatro horas, siete días a la semana. Y uno tiene que apegarse a Dios en las buenas y en las malas.

¿Qué se aprende de un dolor como el que has pasado?
A tener fe. No logré lo que yo quería, que era tenerlo más tiempo, pero comprendí que en cielo hacía falta otro ángel. Y uno tiene que valorar eso. Cuando yo estuve en problemas, era el diablo el que me tenía. Cuando tienes un problema y te entra la furia, es el diablo el que quiere dominarte.

¿Eso fue lo que arruinó tu primer matrimonio?
Eso mismo.

Y trataste de recuperar el tiempo con tu hijo.
El vivía conmigo desde los 15 hasta los 18. Teníamos nuestras diferencias, no era una relación perfecta. Pero los sentimientos estaban. Hasta el último suspiro estuve con él.

Tú tienes buena relación con tu padre.
Excelente. Este sábado mis padres cumplen 50 años de casados. Ibamos a celebrarlos, pero él canceló todo, porque el primer nieto se le fue.

Y tú acabas de cumplir años.
Sí el 4 de junio cumplí 23, ja. No, en serio, cumplí 45.

¿Has cancelado todas tus celebraciones?
No, más mi papá, que es muy religioso. Un día me dijo que ya estaba listo para irse con Dios. Eso es cuando una persona ya tiene paz. Mi mamá me dice que el latir de su corazón soy yo. Cuando tengo una situación difícil, llamo a mi padre. No hay nada más lindo que la familia. Todo lo demás no vale tanto. Yo, que fui tan abusivo con las drogas, me pregunto por qué sobreviví y se han ido mis colegas. Es que no era mi tiempo. Por qué mi hijo se fue a los 24, ya sería su tiempo.


¿Te arrepientes de hechos específicos, de haber maltratado a alguien, de haber insultado a alguien?

He cometido errores, he dicho cosas de las que me arrepiento, pero en este negocio lo mejor es cantar. En mis comienzos, y hasta quizá quince años atrás, he agarrado a personas que abusaban de mí y reaccioné. Una vez en Dallas me peleé con un empresario porque me quiso estafar con un dinero, pero eso ya es cosa pasada.

¿Y has sufrido alguna traición que no perdones?
Yo no guardo rencor, porque eso ocupa un espacio en tu mente. Yo le guardé rencor a la madre de mi hijo por muchos años, pero te digo que por la muerte de mi hijo, hoy nos amamos. Cómo trabaja eso, no sé.

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UNA CANCIÓN QUE MUEVE CAUSAS


La medalla que Tito Nieves recibió ayer lleva el nombre de su tema más popular en el Perú: "Señora Ley". La asociación civil Causas Justas se la entregó en el hemiciclo Raúl Porras Barrenechea del Congreso.
Era la primera vez que el artista pisaba un lugar político, pero tal vez no sea la última. A pedido de la institución, dirigida por la abogada Rosario Sasieta, el hombre se comprometió a apoyar su pedido de justicia. En la platea del recinto lo escuchaba un grupo de mujeres de barrios populares que venían de sus propios dramas cotidianos.
Carmen Gadea, coordinadora de El Agustino, tiene un juicio contra el hombre que violó a su hija un día antes del Día de la Madre. Janet Sánchez, de Surquillo, acaba de ser echada de su propia casa por su ex marido. Los rostros de otras historias no resueltas aplaudieron el gesto del cantante.
Dos pequeñas de locuacidad precoz se lo agradecieron con palabras y poesías. "Tito Nieves, hoy el pueblo peruano se rinde a los pies de la señora Ley", dijo Orianna Cassalli, de diez años, antes de pedir justicia por los niños no reconocidos. Milagros Alexandra Palomino, de siete años, le recitó unos versos que tardó tres días en aprender. Sus palabras solo resumieron lo que muchas hubieran querido decir.


LA FICHA

Nombre: Humberto Nieves.
Lugar y año de nacimiento: Río Piedras, Puerto Rico, 1959.
Trayectoria: Se inició a los 15 años en la orquesta Cimarrón. En los años setenta cantó en la orquesta del legendario Héctor Lavoe. En los ochenta inició su período más productivo con el famoso Conjunto Clásico. En 1986 se lanzó como solista.
Discografía:
"Muy agradecido" 2004
"Clase Aparte" 1999
"I like it like that" 1997
"Un tipo común" 1995
"Rompecabezas" 1993
"Déjame vivir" 1991
"Yo quiero cantar" 1989
"The Classic" 1988

miércoles, junio 9

El estudioso de la gordura

Jaime Pajuelo
Un nutricionista que cambió de trabajo


Hasta hace unos años este médico dedicó sus esfuerzos al urgente tema de la desnutrición en el Perú, un país que sabe comer, aunque siempre está con hambre. Pero un día se dio cuenta de que nadie hacía caso al creciente número de obesos. Algunos casos recientes le dan la razón.


DAVID HIDALGO VEGA
FOTOS: NANCY CHAPELL

El doctor Jaime Pajuelo experimentó la metamorfosis de su oficio hace cosa de siete años. Alguna vez estuvo entregado a estudiar los estragos de la mala alimentación en los peruanos, como correspondía a cualquier nutricionista en este país de hambres perpetuas. A mediados de los años setenta dirigió la primera Evaluación Nutricional del Poblador Peruano (ENPPE), solo para confirmar que en este país de buena sazón muchos no tienen qué comer. Pero un día empezó a fijarse en esa información de las encuestas que nadie tomaba en cuenta: el número de personas obesas, sus hábitos alimentarios, sus problemas de salud. Parecía una revancha irónica típica del tercer mundo: el hambre relegaba a la gordura en el interés de los científicos peruanos. Y Pajuelo optó por cambiar de bando.
“¿Sabe usted que ciertos niños son obesos, desnutridos y anémicos al mismo tiempo?”, pregunta como para buscar la sorpresa de quien lo escucha. En el tiempo que lleva estudiando la obesidad ha llegado a disfrutar extrayendo conclusiones de sus estudios. Su escritorio suele estar lleno de informes estadísticos con títulos indescifrables: “Promedio y desvío estándar del pliegue tricipital” o “Valores percentilares de circunferencia de cintura” o, todavía peor, “Niveles de regresión lineal (r2) del índice de masa corporal con el peso y la talla”. Podrían ser las descripciones técnicas de la trayectoria o la estructura de un cohete espacial, salvo por las palabras claves: cintura, peso, talla.
“La gente cree que al ser un país pobre no tenemos un problema con la obesidad. Pero eso parte de relacionar, de manera errónea, pobreza con desnutrición”, afirma. Los que tienen menos consumen lo que más llena, no lo que realmente necesitan. Es un razonamiento que sostiene con frecuencia. Una prueba es que existe una relación inversa en esto de comer bien o mal: la obesidad está más presente en niños ricos que en niños pobres, pero la situación cambia con los adultos, que presentan más tendencia a la gordura a medida que bajan sus ingresos económicos. Los gimnasios no están al alcance de todos.
Pajuelo es un tipo flaco obsesionado con la gordura. El año pasado ganó un concurso de proyectos de investigación de la Universidad de San Marcos con un estudio de la resistencia a la insulina en adolescentes obesos de Lima. Y este año ganó otro concurso para realizar el estudio de “Homosisteina y vitamina B12 y ácido fólico en mujeres obesas”. No lo mueve la voracidad económica de las clínicas de estética, sino una vocación para documentar lo que no se sabe de lo que “será la pandemia del siglo XXI”.
Tiempo atrás recorrió los 14 distritos más pobres del Perú en busca de información para evaluar. “Me sorprendió ver niños gorditos en Huancavelica, en Cerro de Pasco, en los pueblos más pobres. Esas cosas lo marcan a uno”, afirma. Sus recorridos le han permitido establecer que el departamento donde existen más niños obesos es Tacna, con 45% de casos entre seis y catorce años. O que en las zonas más deprimidas del país hay hasta un 49% de niños con retardo del crecimiento –el síntoma ineludible de la desnutrición– mientras que un tercio de los niños con crecimiento normal son obesos.
Lima puede ser un termómetro de la gordura nacional. El doctor Pajuelo suele recorrer escuelas públicas y privadas para llevar un control de los casos de obesidad. Hace poco realizó una evaluación de la lonchera promedio en una escuela de Barrios Altos. Según los resultados, cada lonchera contenía unas 800 calorías. “Si se tiene en cuenta que la alimentación de un escolar de 6 a 14 años debe estar los por 1.800 calorías diarias, estamos hablando de que solo en el refrigerio ya va consumiendo un cuarenta por ciento”, calcula. Al agregar el almuerzo, la comida y demás antojos, aparece una causa ineludible de obesidad. Por desgracia, opina, nadie lleva al médico a un niño solo porque lo ve gordo.
“El problema es que la gente no toma conciencia de que esto es una enfermedad crónica, que refleja un trastorno de los hábitos alimenticios”, dice.
A su consultorio del Hospital Dos de Mayo llegan desde personas que quieren una dieta económica y efectiva para estar a la moda, como gente que no reconoce su problema. Y si algo le queda claro en este tiempo es que tratar un paciente obeso puede ser tan difícil como rehabilitar a un adicto a las drogas o a un alcohólico. La mandíbula tiene abstinencias igual de irresistibles. En cierta ocasión, una de sus pacientes reincidentes se quejó de no entender las razones de su obesidad. “Dijo que hasta el aire la engordaba”, sonríe Pajuelo.
Este estudioso de la gordura no se ha hecho rico a pesar de que la obesidad es un negocio redondo. En lugar de poner una clínica privada para bajar de peso, lleva dieciocho años en el sistema de salud pública y la investigación universitaria. “Me parecería desleal conmigo mismo. Pasarme al lado comercial sería traicionarme”, comenta desde su modesto escritorio.
Casi podría decirse que su único apetito es la investigación. Ni siquiera sus tres hijas lograr arrancarle recetas milagrosas en las que no cree. “Yo solo digo dos, tres, hasta cuatro veces. Si no me hacen caso con lo que explico, lo siento”, afirma. Por ahora sus advertencias van hacia la opinión pública y las autoridades. El año pasado publicó un libro llamado “La obesidad infantil en el Perú”, donde señala que ese problema de pesos desbordados va camino a ponerse más pesado aun. Es otro asunto de masas para preocuparse.


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Milagros Rodríguez: La niña que pesa demasiado

Tiene solo seis años y ya pesa tanto como su madre, de veinticinco. La niña puneña Milagros Rodríguez Colque es obesa a pesar de sus circunstancias: ha crecido a razón de diez kilos por año aunque su madre ha pasado ese mismo tiempo lavando ropa para sobrevivir. Ya durante el embarazo los doctores advirtieron que venía con sobrepeso, detalle que fue confirmado en su ficha de nacimiento: tres kilos novecientos gramos. Ahora bordea los 63 kilos. Es la confirmación de las advertencias hechas por el estudioso de la gordura.
–Los médicos me dicen que ella no puede permanecer así, en cualquier momento puede darle un ataque cardiaco– dice, aterrada, Silvia Colque, la madre.
La niña se ha desarrollado de un modo voraz. A los cuatro meses de nacida había subido a diez kilos 500 gramos de peso. Los médicos que la atendieron en ese momento dieron una explicación inquietante: la leche materna de Silvia era demasiado grasa y espesa. Debía quitarle la lactancia y darle otro tipo de dieta. Para una mujer que luchaba por alimentarse a diario, era una condena. Una lavandera no está para dietas: la escasez la llevó a continuar dándole pecho hasta los ocho meses.
Con el tiempo, el apetito de la niña se desquició. Llegaba a pedir de cinco a siete tazas de avena en el desayuno, más el almuerzo del mediodía, más una merienda a eso de las tres de la tarde, que su Silvia trataba de distraer con juegos hasta la noche, antes de prepararla para dormir. Era lo que podía hacer desde su precariedad de madre soltera. Ver crecer a su hija así empezó a tener su lado oscuro: por las noches, Milagros se agitaba demasiado, al punto que debía dormir sentada o echada de costado. De otro modo, se ahogaba.
“Me dio tanto miedo que busqué ayuda. Mandé cartas al alcalde, a la asociación de damas del municipio, pero nada. Alguien me sugirió escribirle a los congresistas de Puno”, recuerda. La parlamentaria Paulina Arpasi pagó sus pasajes para venir, el legislador Jhony Lescano les consiguió un albergue en San Martín de Porres donde quedarse.
Los problemas le han caído en carrusel. Lo que en principio era una infección urinaria se complicó al detectársele que sólo tenía un riñón. Hace poco le pronosticaron posibles complicaciones con la diabetes si no baja de peso. Todavía le quedan por delante una serie de exámenes: cardiología, urología, nefrología, genética y oftalmología.
–Yo no tengo dinero. Al menos en Puno podía trabajar lavando ropa, pero ahora debo cuidar a mi hija.
Hasta hace un año Silvia era capaz de cargar a su hija de 54 kilos de peso hasta donde le hubieran dado trabajo. Ahora le es casi imposible. Lo que sí carga, con estoicismo de madre, es la angustia de conseguir la ayuda que la pequeña necesita. Quitarse ese peso de encima es su única ilusión.


Un hombre fiel a su máscara

Frau Diamanda
O los laberintos interiores de un travesti


Héctor Acuña practica la forma más bizarra del travestismo: es una drag queen. Es su personaje y también su alter ego, el escudo para enfrentar los prejuicios. “Fraumorphing”, su actual experimento de estética, es casi una declaración de principios escrita con rímel


Bajo el maquillaje desaparece el rostro y sus tribulaciones. Héctor Acuña, un hombre encarnado en su 'drag queen', está a punto de cometer una herejía: diluirá en las pinturas brillantes de su rostro un poco de sus oscuridades de corazón. Por un momento se va a confesar en sus dos dimensiones, hombre y personaje. El escenario es una galería donde se presenta la primera reivindicación artística sobre el travestismo, esa rebeldía de trapos contra el sexo de quien los lleva puestos. Una de las salas es un centro de estética popular. La otra muestra en fotografías la vida cotidiana de tres travestis: una estilista, una diseñadora de modas, una socióloga. Si el poeta Machado tiene razón en eso de que todo hombre público debe ser fiel a su propia máscara, es hora de comprobar si Acuña es fiel a su Frau Diamanda.



Según has escrito, esta exposición va contra esa costumbre de reprimir la libertad de lo que uno quiere ser. ¿Qué eres tú?


Yo trabajo con mi cuerpo. Me sirvo de lo que es un travesti para crear un personaje. Yo no practico el travestismo que la gente ve en la calle, de esos que están en las esquinas. Yo lo utilizo como arma, como estrategia. Para mí es bien claro que al transgredir estas formas masculinas de mi cuerpo, obviamente voy a revertir la dualidad que te impone la sociedad, eso de que el hombre es hombre, la mujer es mujer y que no hay otras formas de sexualidad o de amor. Tú eres libre de elegir tus propios dogmas, tu estética, cómo te vas a comportar.




Imagino que no siempre habrás sentido esa libertad.


No, claro. Yo me he criado en un ambiente completamente femenino. He sido el único hijo varón de una familia llena de mujeres. Siempre estuve rodeado por ese universo de vestidos, zapatos. Comencé a probarme la ropa de mis hermanas, me miraba al espejo. Tendría 7 años o menos. A esa edad lo haces con inocencia.


¿Te decían algo por vestirte así?


No, porque lo practicaba en secreto.




¿Con culpa?


Con curiosidad. Más adelante sí sentí un poco de culpa. Cuando llegas a la adolescencia todo cambia. Ya no haces las cosas inocentemente. Viene el problema de la identidad, si eres hombre o mujer, si te gustan ellos o ellas. He pasado varias fases: primero fui gay, luego travesti; ahora drag; son etapas transgresoras, una metamorfosis necesaria para alcanzar lo que yo quería, un estado de paz.




¿Por qué siempre hablas de transgredir?


Siempre he sido rebelde, desde joven tuve conciencia de ser diferente. Creo que dentro de lo feo, hasta en un basural, puedes encontrar un tipo de belleza.




¿Cómo reaccionó tu familia?


Mi papá dejaba que lo hiciera. En realidad nunca tuve una figura paterna, mi modelo masculino lo conseguí en la calle: los amigos, la borrachera, las drogas. Fue duro porque provengo de una familia que es un matriarcado. Lo bueno es que yo tengo un poder de adaptación innato, si entro en un grupo, capto las formas, el lenguaje. Ahora tengo pocos amigos homosexuales. Eso es porque el ambiente gay me aburre mucho. De repente es por mi propio carácter. Soy inconforme. Ahora ya no voy a las discotecas, pero antes iba con tres o cuatro amigos, todos vestidos de negro, el cabello largo con los ojos pintados y chorreados. Nos decían 'las metaleras', 'las argentinas', 'las encueradas', 'las vampiras'.




¿Dónde vivías?


En Los Olivos. Allí fui cuajando mi estética. Siempre me gustó la música diferente, depresiva, lo oscuro.




¿Te deprimes mucho?


Desde que nací. Soy un melancólico igual que mi padre. Somos depresivos, aislados, cerrados.




¿Y tu madre?


Ella no aceptaba que tuviera ropa de mujer en mi habitación. Al principio me la escondía, pero falleció en el 96. De alguna manera me sentí más libre para experimentar. Mi papá lo aceptó. Incluso vino a ver la muestra. El secador que tengo aquí es de su novia, me lo ha prestado. Normal.




¿Te quisieron llevar al psicólogo? Digo, por ese prejuicio de que ser gay es una enfermedad...


Cuando era adolescente sí, fui. A los 12 años no sabes lo que quieres y si encima eres una persona depresiva...




¿Frau Diamanda viene de esa oscuridad interior?


El personaje lo fui cocinando desde los noventa. Paraba con una mancha de inconformes que con el tiempo iba explotando lo que tenía a mano. Íbamos a comprar maquillaje, ropa vieja, a los mercados de pulgas, a La Cachina. O saqueábamos los armarios de cualquier tía, de cualquier abuela, y experimentábamos. Al principio me llamaba Diamanda, por Diamanda Galas, una cantante gospel gótica que es lo máximo.




Me dicen que quisiste darle a tu personaje un origen alemán.


No. Es solo por el título. Yo soy traductor, trabajo mucho con la fonética. Canto en quechua, aimara o lo que sea, igual no se me entiende porque la idea es trastocar la voz. Un día llegaron a mis manos unos libros sobre 'drag queens' en Nueva York y me di cuenta de que había una tradición de ponerse títulos antes del nombre. Por ejemplo, en Argentina está Baronesa Dietrich; en Estados Unidos, Miss Understood. En esa época yo estaba aprendiendo alemán en un instituto. Entonces elegí 'frau', que significa 'señora'. Sonaba fuerte: Frau Diamanda.




Alguien dirá que es una pose.


Para que una persona disfrute de un 'drag queen' tiene que tener la mente abierta, porque si lo piensa de un modo racional, esta propuesta no tiene ningún sentido. Parte de lo gestual, del cuerpo, de las sensaciones, del momento. Es muy complejo. Lo mío es hacer intervenciones. Salgo a la calle y hago un escándalo, como ayer, que estuve en la Universidad Católica volanteando mi muestra. Me gusta ver la reacción que provoco. Hay chicas que me dicen: “Ay, qué linda”. Pero también hay gente que me insulta.




¿Te consideras un artista?


Me considero un artista del género porque es mi materia de trabajo. Así como el pintor usa el lienzo o el escultor la piedra, yo trabajo el género. Me gusta mezclar lo masculino y femenino y crear un híbrido que no sabes a dónde va a llegar. Puede ser una lagartija feminoide, por ejemplo. Las formas femeninas me gustan mucho.




¿Por admiración, deseo frustrado?


Eso dicen. Bueno, según la psiquiatría un travesti es un tipo que se viste de mujer para excitarse. Yo no me excito, pero sí encuentro un placer hedonista cuando me maquillo. Es una forma de narcisismo.




O de insatisfacción.


No, es una búsqueda estética. Yo soy feliz como soy, con chancletas y buzo en mi casa. A mí los travestis me interesan en el sentido estético y en el sentido humano. Esta muestra se la dedico justamente un amigo travesti y a un amigo 'drag queen' que fallecieron de sida, uno en el 98 y el otro en el 2001. Pero no sé, también hay una especie de rebeldía que debe salir a flote.




¿Rebeldía contra quién?


No sé, de repente contra mí mismo. Es contra los patrones de la sociedad.




¿Cuando estás en tu personaje, eres otra persona?


Sí. Frau Diamanda se caracteriza porque es conchuda. Una vez me metí a una iglesia durante un bautizo. Fue en el 2001, en la plaza Francia. Era el día del orgullo gay y yo tenía que hacer una performance. Vi la iglesia abierta y me metí. Luego me subí a una combi y me fui de Lima a Miraflores. ¿Te das cuenta? El asunto es ser libre, tener conciencia de que eres diferente y que esa diferencia no limita tu libertad.




¿Y tú eres totalmente libre?


Sí, la imagen me da un poder. Hago cosas que como Héctor no haría. Pero Frau Diamanda sí, porque se ve bien. Cuando estoy en el personaje, no tengo límites.




¿Tu personaje es depresivo como tú?


No, pero sí tiene su parte oscura. Cuando te metes al mundo drag te das cuenta de que hay mil especies y subespecies. Hay la 'lady', la 'show woman', la mujer, de todo. Y en la subespecie oscura, gótica, hay dos que son lo máximo. Una es Flloyd, una 'drag queen' de Nueva York. Marilyn Manson es una zapatilla a su costado.




¿Por qué, qué hace?


Es un duende, con ropas medievales, garras, un maquillaje completamente deforme. Hace presentaciones en las que se corta los brazos y empieza a sangrar. También trabaja con mujeres degolladas.




¿Y la otra?


Misstress Formika, que es una 'drag queen dominatrix' a la que le gusta mucho el lenguaje sado, con mucho cuero. Yo no lo practico, pero me gusta, porque lo suave, lo bonito, la femineidad no me basta. Necesito algo más. Algo fuerte. Mi personaje es femenino, pero siempre hay una actitud que no va de acuerdo con ella.




Una doble personalidad...


Es un entrar en personaje, como cualquier actor.




¿Por qué llamas a esto un experimento de estética?


Porque es la imposición de la imagen sobre los demás. Frau Diamanda quiere volver a todo el mundo una Frau Diamanda. El experimento es ver hasta dónde cede la gente.




También me parece una forma de escape.


No, más bien últimamente Frau Diamanda me está agobiando demasiado. Me exige cada vez más cosas que como Héctor no hubiese aceptado. Me está matando, la verdad.

martes, junio 8

El altillo de los sonidos tristes

HISTORIA VIVA
ESCUELA DE ARPISTAS ANDINOS

En las alturas de la Plaza Dos de Mayo el arpista Rosmel Pacheco ha convertido su escuela en un refugio para jóvenes humildes que expresan con las cuerdas los terremotos del corazón


DAVID HIDALGO VEGA

La escalera cae desde el tercer piso tan larga, pesada y sinuosa como una serpiente desmayada. La suciedad de las paredes invita a la sospecha. Uno sube los peldaños con el fastidioso presentimiento de que al final del trayecto, a la cabeza del monstruo, se topará con el gesto aburrido de un oficinista de cenecape. Pero hacia los últimos escalones se percibe el tañido tristón de las arpas, algo parecido a una melodía en el infierno de ruidos de la Plaza Dos de Mayo. El interior parece un cementerio de dinosaurios: un arpa aquí, otra más allá y en la sala principal por lo menos seis más, grandes y pesadas como esqueletos prehistóricos. Allí pasa la tarde un grupo de muchachos provincianos que aprende a extraer de sus entrañas el sonido conmovedor de un huayno, repiques alegres de carnaval, en fin, lo que imponga el ánimo e interpreten los dedos.
–Para tocar el arpa hay que ser especialmente sensible-, dice Rosmel Pacheco, el maestro que los guía en el descubrimiento de las cuerdas.
En los dos años que lleva con su academia, Pacheco ha visto de todo: muchachos temperamentales que tratar de arrancar al instrumento sus notas más desgarradas, tipos melancólicos que se afanan en sacar el huayno preciso para llorar a la amante perdida, talentos naturales que dominan el encanto de las cuerdas como si se tratara de su lenguaje materno. Todos llegan con la idea firme de que el arpa es el instrumento que mejor refleja los terremotos emocionales del corazón.
Minutos atrás, una melodía tristísima se escabullía por los rincones descascarados de este recinto. Zumel Aranda, un albañil de apenas diecinueve años, parecía arrebatado por una melodía hipnótica que controlaba el movimiento de sus dedos. La palabra tristeza no alcanzaría para describir cómo tocaba y, sin embargo, esta era la primera vez que tomaba una clase de música en toda su vida.
–Siempre me gustó el huayno, debe ser que lo he escuchado tanto, por eso me sale así, sin esfuerzo– explica, ya rescatado del ensimismamiento.
He visto lo mismo en Juan Carlos Huayra, un joven tapicero que se escapa por las tardes a esta escuela, incapaz de resistirse al embrujo de su arpa. Tiene la certeza de que un día no muy lejano podrá hacerse famoso con este arte y que lo nombrarán por la radio como a Douglas Buitrón, el astro que toca con Anita Santibañez y otras voces famosas del huayno, y que regresará triunfante a Huancavelica, a cobrarse los ratos amargos que le ha jugado la vida (de esos que se viven pero no se cuentan).
Pacheco mismo es la muestra irrefutable de que ese instrumento, cuando atrapa, no abandona jamás. Toda su familia está dedicada a interpretarlo, a enseñar cómo se toca o a fabricarlo con refinados trazos de ebanista. La dinastía reina en las ruidosas calles del centro de Lima: Rosmel domina los cielos de Dos de Mayo; unas cuadras más allá esta la academia de su tío Lucio Pacheco; y en diversas tiendas musicales se puede encontrar sus instrumentos, preciados entre la fanaticada de la música andina que reconoce el apellido junto a las estrellas vernaculares del momento.
–Creo que el primer arpista de la familia fue mi abuelo, Antonio Mejía –recuerda Rosmel–. Ahora mi esposa está aprendiendo a tocarla y mis hijos ya son arpistas profesionales. Toda nuestra vida tiene que ver con el instrumento.
En su momento, a Rosmel Pacheco lo presentaban como la nueva estrella, la revelación del arpa andina. Sus promotores lo hacían recorrer sindicatos mineros, ferias populares y agasajos privados del interior donde no faltaba un huayno ni zapato se resistiera a bailarlo. Su trayectoria tuvo los altibajos que pasan todos los artistas populares, pero aun así, un cálculo humilde arroja que ha participado en más de cien grabaciones. Por eso lo nombran con cierta frecuencia en la radio y ha viajado un par de veces a Estados Unidos, invitado por paisanos que extrañaban la exquisita filigrana de sonidos que le sabe exprimir al nylon.
–Un día desperté con la idea de que debía enseñar lo que aprendí en todo este tiempo. Y me parece que ha sido la mejor decisión de mi vida –refiere.
En los rincones está la muestra. Ensimismados en sus propias historias, cada alumno se enfrasca en un diálogo personal con el arpa que le ha tocado en turno. Entonces se produce un juego de caricias, una confesión amorosa, acaso un beso al aire. La melodía parece tener un efecto narcótico en quien la produce. Gerardo Morales me dice que, incluso, algunos llegan a tener su arpa preferida y corren a su encuentro como desesperados cuando les llega la hora. Es comprensible: en el altillo de los sonidos tristes siempre se necesita una compañera para compartir la pena.

Las lágrimas negras de Llusita

AYACUCHO
MUJERES VIOLENTADAS (I)

Hubo un tiempo en que este pueblo sufrió el infierno en vida. Una escalada de violencia que afectó con especial saña a las mujeres. Muchas sufrieron violaciones sexuales que las demolieron. Tras una larga catarsis, están dispuestas a exigir justicia


¿De qué balcón hinchado de miseria se arrojó la dicha una mañana?
Blanca Varela


DAVID HIDALGO VEGA
Hay campos de concentración que no tienen muros. Ni rejas. Ni límites. Se despliegan sobre territorios abiertos, paisajes de cierta tranquilidad bucólica que son verdaderos disfraces del horror. Una ladera de tranquilos pastos verdes que alberga cadáveres descuartizados, un riachuelo de aguas frescas en las que han sido ahogados decenas de inocentes. El mismo espanto, la misma barbarie. Entre los más evidentes escenarios de la crueldad está Llusita, un pueblo donde muchas mujeres viven con la tentación de morir. Han perdido las ganas desde que algún familiar desapareció o fue asesinado en el reguero de sangre reciente. Pero la verdadera razón, el golpe que ennegreció sus almas, fueron las violaciones sexuales que sufrieron en esa misma racha. Alguien siempre pondrá en duda el número de sus víctimas, pero está claro que este lugar es un páramo de miedos concentrados.
Días atrás el pueblo debió enfrentar su drama más crudo. Una comitiva de la Comisión de Derechos Humanos (Comisedh) había llegado para mostrarles, por primera vez, el video testimonial en que varias confiesan haber sufrido esa agresión. La sala de reuniones comunales estaba repleta. Entre los presentes había mujeres jóvenes y ancianas, niñas, niños y varones del pueblo que no estaban preparados del todo para resistir la verdad. Y la verdad es que muchas fueron abusadas. La verdad es que desde entonces sus vidas han quedado destrozadas. Las mujeres llevaban sombreros adornados de flores muy coloridas, pero el silencio era de un gris opresivo.
-Este pueblo jamás olvidará lo que pasó- dijo un comunero en los instantes previos a la proyección.
Las imágenes corrieron. Una canción les recordó los días de espanto: En la placita de Llusita/espera el carro del convoy/los prisioneros están llorando/al ver el carro del convoy/madrecita, no has de penar/cuando el carro del convoy me lleve. Y empezaron los dramas. Isabel Quispe habló del día en que varias mujeres fueron detenidas por una patrulla militar en un recinto y a ella la hicieron salir para que rindiera su manifestación, pero apenas estuvo fuera fue violada por dos hombres que luego la molieron a golpes. Carmen Huayhua recordó que un día se llevaron a varias jóvenes hacia el estadio del pueblo y allí "violaron a todas las chicas". Luego los soldados salieron riéndose y "diciendo groserías". El dolor con que ellas hablaban no era solo emocional, todavía no se han recuperado del trance físico. Aún tiemblan por los achaques y la rabia.
-Si supiera qué hay dentro de mí, abriría mi cuerpo y lo sacaría- alcanzó a decir Isabel Quispe con un temblor nervioso.
Para entonces un gemido ahogado, como el de quien se resiste al llanto, se apoderó de la sala. Todos lloraban. Todos. Y el que no, apretaba los dientes para aguantar la puñalada. Una mujer gemía y apretaba los dientes a la vez. Su nombre es Feliciana Quispe Huamani. Y ha sufrido demasiado.

MADRE FELICIANA
Las mujeres del pueblo la consideran una madre. Si alguna siente que los achaques son insoportables, la llaman a ella. Si otra tiene problemas con el marido, le consulta a ella. Si una tercera o una cuarta cae presa de la melancolía, ella siempre tiene la palabra correcta. La mayoría ha pasado por experiencias parecidas, pero ocurre con Feliciana que ha pasado por casi todos los dolores imaginables: dos de sus hermanos fueron detenidos por patrullas militares y no aparecieron más, una hermana suya fue secuestrada por Sendero Luminoso y ella misma fue vejada sin piedad.
-Todas estamos traumadas. Yo siento que no estoy bien. A veces olvido mis pensamientos y pienso que voy a enloquecer- confiesa, en una conversación aparte, pues no conviene mostrar su debilidad. La necesitan.
Una noche, Feliciana forcejeó con unos soldados que trataban de arrebatarle a su niña más pequeña. Tuvieron que usar una palanca para quitársela. Luego arrastraron a esta mujer hacia un bosque de eucaliptos y la violaron, varias veces. Había 25 efectivos mirando la escena. Su hija fue cubierta con colchas para que no viera el ultraje, pero es obvio que si el dolor atraviesa murallas, la niña debió sentir la crispación del momento. El horror agudiza los sentidos.
Feliciana tiene un terreno en la parte alta de Llusita. Su casa de adobes es pequeña, pero tiene un amplio patrio trasero donde se realiza el barbecho y la olla común cuando ella recibe visitantes. Esta mañana, el patio está copado de mujeres. Muchas llegan a ella con tiernos gestos de agradecimiento, pues, para empezar, ella fue la primera en dar la cara cuando se pidió sus testimonios para la Comisión de la Verdad. Los detalles de su caso estremecieron a los comisionados. Una frase resumió parte de su tragedia: "los soldados se pasearon sobre nosotras". La otra parte es que nunca volvió a ver a su hermana desde que se la llevó Sendero Luminoso, pero presume su destino.

DUELO PROFUNDO
Que lo confiesen ahora es el fin de una larga catarsis. La marca era tan profunda que muchas mujeres se resistían a aceptarla, a mencionarla siquiera. Hasta ahora muchas niegan haber pasado por ese trance porque conocen las consecuencias: buen número de víctimas fueron abandonadas por sus esposos ante la evidencia de la violación. Otras tantas fueron marginadas por sus propios vecinos.
-De por sí, un ataque de este tipo es terrible para una mujer, pero en el mundo andino una violación es especialmente ofensiva y anuladora- explica Gloria Huamani, investigadora que trabajó con las mujeres de Llusita para recoger sus testimonios.
Durante meses, Huamaní debió compenetrarse con ellas para descubrir su drama más profundo. De entrada encontró que un cuadro depresivo estaba carcomiendo a todo el pueblo. Las mujeres estaban como enajenadas por la tristeza, los niños lucían bajo un cierto abandono, los hombres no esperaban nada. Gloria tuvo que organizar talleres de autoestima para arrancarles las ganas de morir.
-Había mujeres que quedaron inválidas luego de las torturas y violaciones. Otras presentaban tumores o traumas mentales. Pero las que quedaron menos afectadas fueron quienes tomaron fuerza para sobresalir- precisa la investigadora.
Antes de Feliciana Quispe, o de Isabela, o de Carmen, ninguna lo hubiera aceptado. Y hasta ahora es difícil. Los golpes de la guerra parecen más que suficientes para andar recordando momentos más amargos. Porque además de este drama, en Llusita no hay persona que no tenga un familiar muerto, un desaparecido. Es la solidaridad del tormento. En las afueras del pueblo hay un paraje tranquilo donde se ha abierto una fosa para enterrar a gente que fue ahogada en el río que los surte de agua.
-Mis hermanos están aquí- dice Feliciana, quien no ha querido despedirse sin mostrarnos este paraje-. Yo vengo siempre y les digo: Marcelino, Felipe, ¿cuándo van a regresar a nuestro pueblo? ¿Cuándo van a volver a la casa? Pero no me responden. Yo todavía espero que regresen. Y no entiendo. ¿Por qué nos hicieron tanto daño? ¿Qué les hicimos?
Y no hay respuesta. A veces estas mujeres temen que sus quejas caigan abandonadas al vacío, como las lágrimas de un ciego. Eso les resultaría insoportable.



(Recuadro)


REACCIONES
' ' La posición del Ministerio de Defensa es censurar y repudiar cualquier acto que atente contra la integridad física del ser humano. Hasta el momento no existe ningún proceso oficial por casos de violación sexual por parte de miembros del Ejército. Hay que precisar que parte de estas denuncias son atribuidas a Sendero Luminoso. Ahora, el Ministerio de Defensa dará las facilidades para la identificación de los responsables siempre que sea requerido por el órgano jurisdiccional pertinente, que es la fiscalía. Hasta el momento no se han producido esos requerimientos. Casos de este tipo son materia judicial, pero tenemos que tener cuidado con el principio de que todo hombre es inocente mientras no se pruebe lo contrario. Existe una evaluación interna respecto al informe de la Comisión de la Verdad, pero, como es sabido, eso será materia de un pronunciamiento del presidente de la República". Alberto Otárola viceministro de Defensa

La emperatriz de los techos

CLAROSCUROS
UNA MUJER EN EL TEJADO VACIO


Hace muchos años fue una admirada bailarina argentina de cabaret conocida como Leontina. Hizo carrera en tres países y se quedó a vivir en el Perú por amor. Todavía vive sobre los restos de un hotel abandonado

DAVID HIDALGO VEGA

Leontina Laiz gobierna las alturas de Lima desde un cobertizo abismal sobre el jirón Lampa. Su trono no tiene disputa ni sucesión posible, porque ha surgido del abandono: ocurre que la gente se fue olvidando de que ella vivía allí, en el antiguo hotel Astur del que hasta hace poco han dado cuenta los ladrones. En lo alto del edificio, cinco pisos encima de la realidad, habita una cabaña de tres por cuatro metros, desde donde sale para recibir el sol de las mañanas o el fresco de las noches, barrer el polvo de su azotea y otros necesarios quehaceres domésticos. Desde ahí también contempla el escenario salvaje del tráfico que a determinadas horas llega hasta arriba como un rumor unánime. Está aislada pero tranquila desde hace tres años en que no ha pisado la calle. Parece una reina en su torre. Es la soberana de la soledad.
Las paredes interiores de su refugio están tapizadas con fotos de revistas y afiches recortados. Algunas figuras son reconocibles, otras no tanto. Alguien podría ver en esos rostros de papel al público que ella ya no tiene. Leontina, la aclamada bailarina del antiguo Copacabana, debe transitar ahora sin tanto 'glamour' por los pasadizos desolados del hotel en el que fue huésped estrella. Mientras subimos las escaleras hasta su refugio, ella hace un último recuento de los daños recientes: "Esto no estaba así, acaban de robarse las puertas del tercer piso". Malditos ladrones. Malditos fantasmas. El edificio no tiene luz y en ocasiones ella debe subir o bajar en total oscuridad, sin olvidar persignarse en cada piso. "Un tipo murió en el quinto y lo encontraron después de varios días. A veces entro a esa habitación y le pido que esté tranquilo", comenta. Otro día salió de su cuarto a los gritos de su hijo -que ya es un tipo maduro- y se topó con un extraño bulto negro en plena azotea. Por el aire maligno, Leontina no tiene la menor duda de que era el demonio. "Los fantasmas no hacen daño", explica.

Intimidades
En el altar de su cabaña, al pie de su cama, tiene las fotos de sus padres ya fallecidos y la calavera de un hombre al que llama "Solo". "Era utilería de un canal de televisión. Me la regalaron. Al día siguiente pedí que se la llevaran, pero esa misma noche vi al hombre en sueños. Pedí que me la regresaran y Solo me acompaña desde entonces". Es como su protección, que, lo tiene bastante claro, en los edificios viejos nunca está demás.
En los anaqueles que ella misma ha fabricado con muebles reciclados hay varios álbumes que registran, un recorte tras otro, su paso por los teatros argentinos, por el cine, por los cabaret de tres países. "Yo no era ninguna improvisada cuando llegué aquí, tenía una carrera". En Chile fue conocida como una de las princesas del salón Pigalle. En Colombia pasó algunas peripecias, causadas por su empresario, que su belleza le ayudó a sortear. "Hasta me ofrecieron como dama de compañía, pero nunca acepté", recuerda. Si se quedó en el Perú -y esta es una parte conocida de su historia- fue por el amor a un torero que no le pagó bien. "Un torero es sinónimo de vanidad, amigos, borracheras, palizas", suele decir. Un día no soportó más. Y aunque en ocasiones el hombre reaparece por ahí, ella solo lo recibe por ser padre de su hijo. Ya no le quedan cenizas por atizar.
Leontina Laiz es una actriz de carácter. Le ayuda esa voz cavernosa de fumadora incurable y los rasgos felinos que el tiempo no ha podido escamotear. Mucha gente recuerda su personaje de Madam Charquikan en los programas de Tulio Loza. Alguien notará que fue la hermana Ruth de Los de arriba y los de abajo, o Sara More, la prostituta de una miniserie sobre Felipe Pinglo. Algunas apariciones breves en cine han sido menos reconocidas. Y tiempo atrás fue la abuela que se moría antes de dictar el ingrediente principal de su receta secreta en un comercial de televisión. Papeles intensos o sutiles que encarna como una médium a sus espíritus. "Me gustaría al menos vender mi voz. No hay voces de ancianas en la tele. ¿Te das cuenta? Yo lo haría muy bien, tengo oficio", comenta, como renunciando a la vanidad de las cámaras.
El problema de ahora es que la pesadez va haciendo estragos sobre los huesos de la emperatriz de los techos. Hace poco se golpeó la cadera y se acentuó el dolor que hace años doblega su columna. Verla caminar así, encorvada mientras se balancea por los escalones de su Notre Dame, es casi doloroso. Ella tiene que aliviar cada malestar con calmantes pasajeros que no calman nada. Pero es lo que puede traerle su hijo de sus recurseos en la calle. En el largo tiempo que pasa sola, Lupe, su perra, es el único ser viviente que ingresa a sus dominios. Es su vigía y su edecán, la primera voz de alerta cuando alguien busca a Leontina desde los territorios bajos del exterior. Alguien ha dicho que el destino de los soberanos es gobernar en soledad, pero esto parece demasiado.
Nostalgias
A veces, la emperatriz observa el panorama gris de las azoteas limeñas y piensa que tal vez nunca debió dejar Argentina. "Entonces recurro al Hilo de plata. ¿Sabes qué es? Te acuestas a determinada hora y piensas dónde y con quien te gustaría estar. Se produce una conexión y te transportas, puedes sentir, volar. Es tan intenso que si te despiertan bruscamente te puedes quedar allá y no regresar jamás". Así retorna ella a escenarios más felices. El experimento le ahorra la pena de no poder juntar los diez soles necesarios para llamar por teléfono a los familiares que le quedan en su país. "Me gustaría regresar. Tal vez un día".
Por ahora, la economía de su reino no le permite esas visitas. Y sin embargo, Leontina Laiz tiene el gesto amable de alimentar con fideos triturados a las palomas que llegan a ella cada día como emisarios sin mensaje. Comparte sin miedo sus escasas reservas y mira las azoteas, siempre las azoteas, mientras un abismo de luz pálida se va apoderando de sus ojos.

El sepelio masivo de un solitario

ILAVE
El entierro del alcalde cirilo Robles


Todavía quedan muchos cabos sueltos en los sucesos de Ilave, pero el masacrado alcalde fue despedido entre ovaciones póstumas. Sus seguidores en Puno reclaman a los pobladores de Ilave por el crimen. Los intentos de hacer justicia popular todavía son una amenaza


David Hidalgo Vega enviado especial

Mientras una lastimera multitud conducía el féretro hacia la iglesia de San Juan, uno no podía dejar de preguntarse cómo este hombre pudo morir tan solo. La noche anterior un video de su suplicio lo mostró en un absoluto desamparo, descalzo, sin camisa, abandonado a la furia de un gentío colérico que se envileció con él. Sentado al fin en un portal de la plaza donde se decidió su muerte, la suya era la imagen del extravío. Nadie acudió en su ayuda, nadie lo consoló en la desgracia. Ni siquiera los que se compadecieron de su suerte en ese camino al calvario pudieron aliviar sus dolores con gestos compasivos: alguien quiso alcanzarle una botella de agua y estuvo a punto de recibir la misma condena por parte de los verdugos. Si a la hora de la muerte cada hombre se somete al momento cumbre de su soledad, Cirilo Robles, el alcalde ejecutado por su propio pueblo, debió sentir que su último día de vida era una muerte dilatada. El entierro de ayer tuvo la paradoja de atraer a toda la gente que no pudo salvarlo. "Estamos contigo", le gritaron en cada una de las estaciones lánguidas que siguió el ataúd. Pero el cadáver siguió su camino.
Por la mañana, la casa de Robles fue un escenario de lamentaciones aimaras. La madre del alcalde, Silveria Callomamani, despotricaba en su idioma contra los asesinos de su hijo. "Ya lo mataron, ¿por qué no se lo comen ahora?", repetía, según la manera que tenía para decir que había sido un sacrificio salvaje, propio de bestias hambrientas. A su lado estaba la mujer que había peleado por la vida del alcalde hasta el final, Marina Cutipa, la viuda.
Todos los presentes saben que acudió a una autoridad tras otra pidiendo que salvaran a su esposo y que no encontró respuesta. Dos días después de la tragedia ella ya no tiene fuerzas para pedir otra cosa. Permanece callada en una silla cercana a la puerta, aturdida, hasta que una conocida de la familia atraviesa la puerta y ella se prende a una última esperanza perdida:
"¿Por qué no me lo escondiste en tu casa? ¿Por qué no me lo protegiste?", reclama sin rabia. La respuesta es un gemido.

MARCHA FUNEBRE
En el transcurso del día el cadáver hará un recorrido griego antes de llegar a su nicho. La primera estación es el auditorio de la Universidad del Altiplano, donde Cirilo Robles estudió Sociología antes de convertirse en catedrático. Es aquí donde empieza a sospecharse las proporciones que alcanzará su recuerdo. Un desbordado colega compara su martirio con el de Cristo. Otro compañero de trabajo lee en la tragedia una muestra de "una crisis de país, de Estado, de sociedad, cultura, política. Pero tú estuviste al centro y nos has marcado el camino". En las plateas guarda silencio la primera multitud que acompañará la soledad del ataúd. Alumnos, colegas, familiares, autoridades universitarias y curiosos. Una escolta unánime, pero tardía.
Pronto el féretro bailotea sobre un séquito creciente. Salen de todos lados y se unen a la marcha. Hay gente que se escapa de los colegios, de las bodegas, de las casas y los depósitos mayoristas. Hay rostros respetuosos en las ventanas y las azoteas, en las esquinas, en los autos que pasan cerca.
"¿Quién lo mató?", pregunta un hombre. "¡Sandoval!", responde la masa.
"¿Quién lo vengará?". "¡El pueblo!". Queda claro que las soledades no siempre son transmisibles. Pocas horas después, el teniente alcalde, Alberto Sandoval, sería propuesto por una mayoría ilaveña para ocupar el sillón del difunto.
El cuerpo de Cirilo Robles es paseado por toda la ciudad. Sus deudos aceptan un breve homenaje del municipio, pero lo hacen pasar de largo el Palacio de Justicia. Tampoco pasa por el hospital, donde reposa el que hasta pocas horas atrás era el segundo cadáver de esta tragedia.

LOS SOBREVIVIENTES
Desde la sala donde se recupera, el regidor Juan Mamani lamenta no estar al lado de su alcalde. Apenas puede caminar, las rajaduras en su cabeza y los moretones que oscurecen sus brazos y piernas lo tienen postrado, pero hasta cierto punto es un alivio: horas antes corrió la noticia de que su cuerpo carbonizado estaba tirado en algún paraje cerca de Ilave. Una versión incluso afirmaba que lo habían inmolado vivo.
"Mis manos me salvaron -dice- Mamani. Si no me hubieran destrozado la cabeza". Tras casi siete horas de suplicio fue entregado a las autoridades de la zona media, que lo conocían y respetaron su vida. Sus hermanas y hermanos tuvieron que suplicar a ese consejo que para que fuese liberado y ahora está aquí, recordando el último momento en que vio a Robles, agónico, antes de ser separados. Afuera, el verdadero cadáver recibe los homenajes póstumos.
Una sala más allá, el regidor Arnaldo Chambilla se recupera de peores golpes. "Pensé que nos iban a matar, pero les lloré que no, por mis tres hijos", afirma. Sus captores, de la zona alta de Ilave, querían llevarlo a la comunidad de López, pero el alcalde de ese lugar se opuso y pidió que curaran sus heridas. Horas después era entregado con un acta de por medio en que constaba que seguía con vida. Nunca vio al alcalde. Y tampoco puede despedir su cuerpo.

NICHO SIN PAZ
El ataúd entra al cementerio de Puno casi flotando en una corriente de rabia. Los acompañantes culpan a la gente de Ilave de asesinar a Robles. Un orador trata de separar asesinos de pobladores y es abucheado. Otro habla de una conspiración mafiosa y recibe aplausos. "Mi esposo no era un ladrón. Era el alcalde. Quien se siente en su sillón es el asesino", grita la viuda a la gente y provoca un bramido unánime. Entre las lápidas casi se percibe esa sombra que separa una muerte común de un asesinato. Minutos después, el cajón es depositado en su nicho. La banda de músicos lo despide con una morenada.
Cuando todo parece terminado, alguien reconoce a un poblador de Ilave y lo delata. Otra mujer lo acusa de ser asistente del sospechoso teniente alcalde. "¡Agárrenlo!", se oye decir a varias voces. El hombre es víctima de la desesperación. Lo agarran al borde de una lápida. Lo patean, lo puñetean. Un joven coge una piedra para lapidarlo. Las mujeres gritan: "Tranquilidad, nosotros no somos asesinos". Pronto se sabe que Nicanor Alanoca es solo un auxiliar en un colegio de Puno y no tuvo que ver con el asesinato de Robles. La calma parece volver, pero quién sabe.